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Trastornos de conducta alimentaria y Covid-19

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Sabíamos que las personas con enfermedades pulmonares y un débil sistema inmunitario eran un blanco muy fácil para el COVID pero ahora, un reciente estudio realizado por la universidad inglesa de Norhtumbria revela que uno de los colectivos más castigados por el COVID son , además. los enfermos con trastornos de alimentación. 

La situación excepcional de confinamiento por la que hemos pasado más de la mitad de la población mundial (dato), ha tenido efectos desde muy positivos hasta muy negativos. Nos lo cuentan todos los días, en las consultas de los psicólogos.

El covid19 y todo lo que ha acompañado al virus, son estresores que afectan la salud emocional de cualquier persona, mucho más si son personas vulnerables o con factores de riesgo para padecer un trastorno de alimentación. Y no es extraño, el aislamiento social provoca síntomas como la sensación de disminución de los sentimientos de control, el aumento de los sentimientos de aislamiento social, el aumento de la rumiación sobre los trastornos alimentarios y la escasa sensación de apoyo social. Esto se explica porque somos animales sociales, necesitamos de los demás para regular nuestros estados emocionales. Lo hacemos a través de la co-regulación, que consiste en compartir experiencias con personas significativas, contrastar estas experiencias, tener feedback que nos ayuda a objetivar la situación o estar acompañados durante una situación difícil.

Durante el confinamiento ha habido situaciones de todo tipo, familias con una buena relación que han convivido 24 horas y el covid les ha unido más; familias con una mala relación y el confinamiento ha aumentado el nivel de crispación de la familia, personas que han estado solas y les ha disparado la ansiedad o personas que han estado solas y han disfrutado de esa situación. En cuanto a las personas con trastorno de alimentación, las situaciones han sido muy variadas.  Casas donde la familia es un regulador y un elemento de control y cuidado; casas donde el nivel de conflictividad ha provocado más ansiedad con la comida, o situaciones de soledad donde la persona se ha regulado a través de la comida. El impacto sobre esta población ha sido tan duro que, Beat, una organización benéfica inglesa para personas con trastornos alimentarios, con más de 25 años de experiencia trabajando con pacientes y sus seres queridos, ha visto un aumento del 81% en la demanda de información por parte de personas con estos trastornos, durante la pandemia. 

Las primeras semanas de confinamiento había colas para hacer la compra, incluso había desabastecimiento de algunos productos.  Este tipo de situaciones dispara la ansiedad, en especial a las personas que ya tienen ansiedad con la comida o que tienen un trastorno de alimentación. Estas personas utilizan la comida como regulador emocional y la posible escasez de alimentos es un disparador de estrés especialmente potente para cualquier persona con un trastorno de alimentación.

Por otro lado, los mensajes continuados en los medios de comunicación, sobre cuidar la alimentación o la importancia de hacer ejercicio, en cualquier persona, pueden servir como recordatorio para llevar una alimentación equilibrada y un estilo de vida más activo dentro de la situación de confinamiento, pero para personas con un trastorno de alimentación, este tipo de mensaje se puede convertir en un recordatorio continuo sobre la comida y la actividad física. Y cuando la alimentación es la fuente de estrés cuanto más lo nombren, más probabilidades hay de convertirse en un disparador de estrés que propicia episodios de descontrol con la comida. Así que un mismo mensaje puede ayudar a personas sanas a llevar un estilo de vida saludable, sin embargo, el mismo mensaje puede convertirse en una fuente de estrés para personas que tienen un trastorno de alimentación. 

Para protegernos de estos efectos negativos debemos construir rutinas y horarios que nos organicen el día, de forma que tengamos actividades laborales, actividades de ocio, actividades sociales y familiares y actividades de autocuidado. Tener un horario y diferentes escenarios a lo largo del día nos dan sensación de orden y generan bienestar. Tener diferentes actividades en las que cubrimos estas necesidades nos hace sentirnos plenos. 

La situación de confinamiento ha barrido toda esta organización y el estilo de vida se convirtió en una sucesión de horas en el mismo escenario. De forma que era muy importante generar rutinas y horarios para que el cerebro tuviera sensación de control. Las personas con un trastorno de alimentación necesitan especialmente de rutinas que marquen sus actividades, y mantenerse ocupadas, ya que de otra forma su cerebro se engancha con temas relacionados con el trastorno, y la probabilidad de tener un atracón aumenta. No solo por tener tiempo libre, sino porque es en la casa en el sitio donde suelen ocurrir la mayoría de los episodios de descontrol. Así que al pasar 24 horas en casa, de nuevo la probabilidad de tener un episodio de descontrol con la comida, es mucho mayor que si la persona está fuera de casa.

 

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