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Qué hacer cuando mi hijo deja de creer en Papa Noel

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Lo normal es que los niños empiecen a dudar y a hacer preguntas sobre el origen de los regalos y sobre cómo los Reyes Magos o Papá Noel son capaces de meter en todas las casas de los todos los niños del mundo, un montón de regalos. Cuando eso ocurre la mayoría de los padres empiezan a plantearse estrategias para conservar “la magia de la navidad”. 

Yo llevo muchos años recomendando a todos los padres que alarguen la magia todo lo posible, hasta que un buen día la madurez encienda ese interruptor interior que apaga las lucecitas mágicas que adornan nuestros sueños para pasar de la infancia a la niñez. Todos tenemos nuestro recuerdo de infancia al respecto y casi todos viviremos esa misma escena siendo nosotros el adulto. Es ley de vida. Y la recomendación para ayudar a gestionar a los padres ese delicado cambio de etapa de los niños no tiene mucho secreto: hay que cambiar la magia por la ilusión. No es lo mismo, pero se asemeja bastante. 

Cuando los niños pierden ese tipo de inocencia que hasta ahora había explicado lo inexplicable, no es necesario caer en el aburrimiento durante las navidades. Nos queda la ilusión. La ilusión de los regalos, de las comidas y cenas tradicionales, de la importancia de las reuniones familiares, de las llamadas a los que queremos y están lejos, la ilusión de adornar la casa para crear un ambiente especial por el placer de sentir ese algo diferente y compartirlo con los demás. La ilusión de las reuniones con familiares a los que vemos sólo en estas fechas y  que a veces nos obligan a desempolvar toda nuestra destreza con la mano izquierda para lidiar con posibles conflictos que siempre merece la pena sortear. Todos esos aditamentos de la navidad requieren gestión, anticipación y espíritu animoso para salir contento de las fiestas. Ya vendrá enero a poner todo en su sitio de nuevo. Y esto es especialmente importante transmitirlo a los niños.  

En toda casa donde se vive la navidad con ilusión suele haber un adulto que tuvo muchas navidades especiales. Es más, cuando somos capaces de contagiar ese espíritu a los niños estamos sentando las bases de muchas navidades felices en el futuro. Y no nos podemos olvidar de los regalos. Regalar es un arte. Hacer regalos y acertar con la ilusión es cuestión de intuición, generosidad y amor. Regalar es un arte en el que merece la pena convertirse en un experto. Y como manifestación artística de nuestro tiempo merece la pena que pase de generación a generación. 

Hay que transmitir ese arte a los niños, contagiarles, enseñarles qué es la generosidad, cómo podemos hacer más feliz a la persona a la que vamos a regalar, qué cosas tienen un valor que no se explica con su precio.  El regalo y toda la ilusión que conlleva cuando es acertado, no se olvida en la vida, perdura en nuestra memoria, como un evento imborrable cuando eres niño y como un acto de amor que se fija en nuestra memoria de seres adultos cuando aciertan plenamente con nuestra forma de ser. 

Y al contrario también pasa lo mismo. Todos recordamos regalos que nunca hemos entendido, que nos provocan perplejidad porque somos incapaces de hacer la más mínima relación entre el objeto regalado y nosotros mismos. 

Regalar es garantizar la ilusión de los que nos rodean, cuando se sigue con cariño el camino que nos indica cómo es la persona a la que regalamos, qué le gusta, qué le puede sorprender más. Al fin y al cabo, regalar es un acto de comunicación en el que hay un emisor, el que regala, un receptor, el que lo recibe, y un mensaje que puede ser maravilloso, que es el regalo. Y ahí es donde está la ilusión. 

Hay que enseñar a los niños que hacer un regalo es regalar tiempo de calidad pensando en la persona a la que queremos emocionar. Hacer un regalo con nuestras manos, utilizando objetos cotidianos para generar esa sorpresa es una lección sobre la empatía muy valiosa para los pequeños. 

Regalar siempre nos obliga a meternos en la piel del otro, a pensar qué le puede gustar, y cómo podemos sorprenderle. Y en eso, reconozcámoslo, todos somos iguales tengamos 5 u 85 años.

 

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